Las elecciones que no nos tocan, pero que nos marcan: Alelí

Alelí - Celuloide Latino

Por: Andrés Ferro
@andres.ferro98

Si ha habido un efecto natural causado por el encierro en la vida de aquellos citadinos que hemos podido darnos el lujo de cuidarnos en casa, es el del acercamiento físico obligatorio con quienes compartimos nuestra vivienda. Muchos de mis conocidos han manifestado que quizá lo único bueno que les ha dejado la pandemia es la posibilidad de reencuentro con sus seres queridos más cercanos. Y es que en el caos de buscar el pan de cada día es sinónimo de perder contacto con todo lo que no te lleve a conseguirlo. Incluso la familia. Una condena del tercer mundo, supongo.

Aunque claro, reencontrarse no siempre es necesariamente un privilegio. Alelí, el segundo largometraje de Leticia Jorge, es un claro ejemplo de ello. En la película, la familia Mazzoti atraviesa el duelo de la muerte del padre cabeza de familia, mientras tiene que ponerse de acuerdo respecto a qué hacer con la herencia que el viejo dejó atrás. Sumergidos en lo que aparentemente parece una tragedia, Jorge prefiere darle al filme un tono absurdo, mucho más similar a la comedia costumbrista y sutil que al drama telenovelesco. A raíz de eso, varios elementos en Alelí dan la impresión de parecer exagerados, pero nunca terminan siéndolo, lo cual refuerza el punto a favor más destacado de la cinta: logra mantener en el espectador el sentimiento de que todo en el mundo de la película es verosímil, pero sobre todo, entretenido. 

El poder detrás de esa decisión estética está en que Jorge logra burlarse de problemas universales sin dejar de tomárselos en serio. De hecho, apenas comienza la película, la situación parece muy delicada. Alguien ha muerto y ha dejado una casa de la que ahora la familia Mazzoti debe deshacerse. Lo que podría tornarse fácilmente en una atmósfera pesada llena de tensión para el espectador, cae rápidamente en el ridículo cuando la luz se va. Ese tipo de plot twist, muy usados por la comedia de situación para sacar sonrisas fáciles, son puestos por la directora para generar contrapuntos que provocan un sentimiento de constante inquietud en el espectador, quien ya no solo se pregunta qué va a pasar, sino que empieza a disfrutar del hecho de que ahora le espera una historia totalmente impredecible.  

Y es que lo complicado de hablar de temas tan recurrentes como la familia es precisamente lograr una identidad que no caiga en lugares comunes, algo que Jorge logra evitar con holgada comodidad a partir de dos pilares fundamentales: el guión y la actuación.

El primero ha de tener que ver no solo con la directora, sino con su coguionista y amiga, Ana Guevara. Ambas dirigieron previamente Tanta agua (2013) y parecen haber consolidado una mirada humorística que intenta ir más allá del entretenimiento simple. Por eso, pese a que Alelí nunca deja de burlarse de sí misma, no olvida hacer una construcción muy sólida de los integrantes de la familia, cada uno con matices suficientes para mover una trama en la que de hecho, no sucede mucho. Habrá quien mire con recelo este punto en específico, pues gran parte del cine latinoamericano se ha acostumbrado a querer contar grandes tragedias. Yo, muy en contra de esa posición, considero que propuestas como Alelí expanden nuestra conversación con el público y nos hacen pensar en nosotros más allá de los problemas típicamente “latinos”.

Por otro lado, el destacado trabajo del reparto le permite a Jorge mantener la historia todo el tiempo en ese código ambivalente entre lo serio y lo cómico, algo muy importante teniendo en cuenta lo fácil que es caer en sobreactuaciones en este tipo de propuestas. Si bien en Alelí los arcos dramáticos de los personajes son pequeños, no se puede decir que sus actuaciones son planas. Un ejemplo claro es el trabajo de Nestor Guzzini, quien encarna a Ernesto. Al principio, da la impresión de que el hermano del medio es solo un personaje muy irascible al que todo le molesta. Pero luego, entendemos que detrás de su rabia está el dolor por la ausencia de su padre y la dificultad de lidiar con las mujeres que le rodean ahora que está llamado a ser el hombre de la casa.En conclusión, Jorge va más allá de la burla en Alelí, pues no se olvida de hacernos pensar en lo ridículo que es el mito de que las relaciones familiares siempre deben andar bien. Ahora que gracias a la pandemia he podido reencontrarme con los míos, recuerdo constantemente por qué los amo profundamente, pero también por qué un día decidí no hablarles tan seguido. Destruir el mito de la familia e ir más allá de la costumbre de que “los trapos se lavan en casa” nos ayudará a quitar las enormes barreras que creamos entre nosotros, y nos llevará algún día a no vernos solo como personas con el mismo apellido, sino como seres humanos diferentes, que se pueden permitir odiar y amar al tiempo.

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