Siguiendo la ruta del paso que dejó

499 - Celuloide Latino

Crítica de 499 (2020), de Rodrigo Reyes

FICUNAM 2021, Sección Ahora México

Por: Kathia Jiménez Alegria
@Alegria_Kath

Los falsos documentales, a través de personajes ficticios o históricos, han expuesto y concientizado elementos de una sociedad que son negados y reprimidos, pero que están en lo más profundo de ella. Sacha Baron Cohen ha explotado, mediante la comedia, al personaje ficticio de Borat (2006 y 2020), quien exhibe lo peor de la “civilización” estadounidense. A través del mismo género, Ha vuelto (David Wnendt, 2015) trae de ultratumba a Hitler para demostrar que, al compartir los mismos ideales con la población alemana actual, el Führer sigue vivo.

Rodrigo Reyes apuesta por un tono más serio en 499 (2020), película que revive a un conquistador español del siglo XVI que acompañó a Hernán Cortés a buscar los tesoros del Nuevo Mundo. Sin embargo, este conquistador se encuentra con un territorio diferente, en donde ya pasaron casi 500 años de su primera llegada. En el México actual retoma la ruta de Cortés en seis capítulos (La Costa, Veracruz, Sierra Madre, Paso de Cortés, Tenochtitlán y El Dorado),  convirtiéndose en andante y espectador de lo que su figura dejó. Sentado y en silencio, escondido en la escena, escucha los testimonios verídicos de la gente que ha padecido violencia, que le han desaparecido o asesinado gente querida.

No sabemos el nombre del personaje y no es necesario. No es un individuo al que haya que conocer más a fondo. Basta decir que representa todo un proceso de conquista y colonización al que Latinoamérica estuvo sometida por 300 años. Encarna la discriminación, la imposición de la religión católica, el deseo de poseer avariciosamente arrasando con todo a su paso. Pero, también está presente en el arte, en el mestizaje, en los intercambios culturales y lingüísticos. Es el fantasma del pasado que no se puede negar, sin él no habría forma de explicar quiénes somos hoy. 

Conforme al desarrollo de la obra, nuestro personaje se despoja de su coraza para mostrarnos que se ha mezclado en nuestra realidad. Escuchando los cruentos testimonios se va descolonizando, reconociendo el daño que causó. Al final, completamente convertido en un contemporáneo, se encuentra en El Dorado de nuestra época, aquella tierra prometida de sueños y riquezas. 

A pesar de que en América Latina, la violencia es el tema más llevado al cine, Reyes lo aborda a través de un ejercicio de concientización con un filme cargado de símbolos y de matices que nos permiten identificar hasta dónde la conquista sigue viva en nuestra actualidad. 

Hace no mucho, en 2019, el presidente de México mandó unas cartas a España y a la Iglesia Católica en las que pidió que se disculparan por los abusos cometidos durante la conquista. Resultó risorio que, después de tantos años, hubiera pedido algo que de ninguna manera solucionaría los problemas que trajo la conquista. Es negar que somos producto de este y otros procesos que devinieron. Es perder de vista que ese fantasma está presente en cada violación, en cada injusticia, en cada despojo. Se intenta reparar el daño cambiando nombres de calles, de estaciones de metro o poniendo en alto las lenguas indígenas, sin darse cuenta que vive en ellos este fantasma del conquistador insaciable.