Oda al amor en la vejez

Critica de El diablo entre las piernas - Oda al amor en la vejez - Celuloide Latino
Crítica de El diablo entre las piernas (2019), de Arturo Ripstein

BACIFI 2021, Sección Trayectorias

Por: Germán Rojas
@garmalack

Resulta incómoda la vejez para muchos jóvenes en esta globalización de cuerpos perfectos y uniformes. Tanto incomoda la vejez a hombres y mujeres de mediana edad que se rehusan a verse pausados en el tiempo y de repente los años los tienen encima. Tan incómodo es que todo esta pensado, producido y ofrecido para jóvenes vigorosos y ansiosos de éxito.

De allí que los intentos del cine por retratar esta fase como una “culminación de nuestros años” se limita a argumentos que describen abuelos con ganas de molestar o personajes con añoranza de aventura, viejos enfermos, inamovibles, estorbosos o con simpáticas personalidades dignas de sacar risas por sus absurdos comportamientos.

Por fortuna, hay cineastas con el atrevimiento suficiente para demostrar que la vejez no es un marchitado del alma, que hay un enérgico sentimiento, vitalidad en su presente, capacidad indudable de humanidad. Por ejemplo, la chilena Maite Alberdi con su película El agente topo (2020) nos muestra el abandono e indiferencia hacia nuestros mayores y nos recuerda algunos comentarios dañinos dados por allá en el lejano inicio de la pandemia (“Abuelos deberían sacrificarse por Estados Unidos”, como dijo el vicegobernador de Texas, Dan Patrick). Viéndolo así, da la sensación de que Alberdi convierte su documental en una curiosa denuncia tiernamente enmarcada.

Pero este no es el caso de El diablo entre las piernas (2019), ya que la película desafía al espectador a observar a una pareja de ancianos, humanos, defectuosos y viciosos de los apegos enquistados en las relaciones y que se presentan casi desde aquellos inicios románticos de todos nosotros. Esto, en lugar de ver una pareja de viejos tiernos y solitarios.

El diablo entre las piernas es el último largometraje de Arturo Ripstein, director referente en la historia del cine latinoamericano, cuyo estilo bien definido es precisamente lo atrevido e incómodo, ganándose muchos amores y odios. Como en muchas de sus películas lo acompaña la guionista Paz Alicia Garciadiego, quien también es su esposa, y ambos diseñan la historia de el Viejo (el film no le asigna un nombre) y Beatriz, a partir de lo que los ha caracterizado en su filmografía: la decadencia, lo erótico y lo sórdido del ser.

Para dar contexto de la película a modo de sinopsis no oficial, El diablo entre las piernas nos cuenta la historia de Beatriz (Silvia Pasquel) y el Viejo (Alejandro Suárez), un matrimonio de un poco más de 70 años que vive sus días en auras de reproches, mutuamente destruyéndose y a la vez necesitándose; él, con sus celos tóxicos y reclamos del antiquísimo pasado sexual de Beatriz; ella, con la necesidad de sentirse viva, amada, deseada y deseable.

Ripstein, fiel a su estilo, pero con mas vigor que en sus recientes obras, nos lleva a caminar al ritmo del steadicam por los pasillos, patios y habitaciones de una anticuada casa, hogar de esta pareja. Largos planos secuencias en blanco y negro con las sombras agolpadas en rincones y objetos en completo desorden, atmósferas construidas con una espléndida fotografía de Alejandro Cantú que, aunque estiliza, no deja de golpearnos con la desolación que puede impregnar los claroscuros en sus personajes.

El director nos muestra al Viejo dando pasos cojeantes entre las habitaciones mientras vocifera insultos hacia Beatriz: “¡Puta!”. Ella, en algo quizás incomprensible, anota estos insultos en un cuaderno a modo de diario con tonos poéticos. Aunque parezca absurdo, su complejidad se desvela en sus escapadas a bailar tango, poniéndose bella, usando tacones y calzones limpios; el Viejo, hace lo propio, escapándose desde hace años a verse con su amante (Patricia Reyes Spíndola), que sirve de catalizadora y saco de quejas para el Viejo, tan absurdo como pedirle que use los calzones de Beatriz mientras la manosea y tienen sexo. Actos que Ripstein compone con libertad, desnudos sin conservatismo patético y más bien vibrante humanidad.

Plano a plano se denota su puesta en escena teatralizada, conjugándose con los diálogos de Garciadiego que rayan con lo literario y en una maravillosa sonoridad; poesía al erotismo, deseo profundo de sus personajes; suciedad placentera libre de antojos de puritanismo.

Es evidente cómo El diablo entre las piernas plasma el machismo que por décadas ha regido en Latinoamérica, identificación de nuestras sociedades. Sin juzgar a los personajes, solo hemos construido formas de relacionarnos que intoxican las libertades y demuestran una vez más lo podrida que está la definición de la masculinidad, sin que sea un concepto que no se pueda refundar. El viejo encarna este machismo: él aprendió a amar a Beatriz así y ella aprendió amarlo también a su manera, bajo sus acumulados y profundos deseos. Quiénes somos nosotros para arbitrarlos. En su complejidad no existe una forma diferente de relacionarse, de amarse y satisfacerse.

En resumen, El diablo entre las piernas es una pieza bella en su oscuridad, poéticamente sórdida, disfrutable, que nos hace brotar admiración por Ripstein y Garciadiego. Vibramos en lo erótico, como cuando Beatriz sentencia: “¡Estoy vieja y caliente!”. Somos humanos y a cualquier edad haremos memoria de que no existe una sola forma de amar.

Esta crítica fue originalmente publicada en el blog del Taller de Crítica de Otros Cines. 29 marzo, 2021

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