Recuperar lo que nos queda

EL Agente Topo - Celuloide Latino

Crítica de El Agente Topo (2020), de Maite Alberdi

Por Andrés Ferro
@andres.ferro98

Los contratos sociales invisibles que se nos enseñan desde nuestro nacimiento nos obligan a pensarnos siempre como seres útiles al sitio que habitamos. En este sistema adquirimos una deuda eterna con el lugar que nos acoge, y duramos toda la vida pagando por eso. Debajo de esta sencilla idea se esconde una realidad decadente propiciada desde las esferas más altas del poder, pues existe un inexorable vínculo que relaciona la utilidad con el valor económico. 

El poco o nulo valor que pueden aportar aquellos que no tienen cómo pagar esta deuda se ha convertido en un eterno dolor de cabeza en las aulas de debate, que parecen haber olvidado que no se trata solo de un problema económico, sino social. Todo aquel que no se sostenga por sí mismo está condenado a vivir dependiendo de algo más. Y eso que lo mantiene, lo domina, lo encarcela.

Aunque pareciera una discusión muy técnica, todo se resume en el principio básico de “mi casa, mis reglas” sobre el que muchos hemos sido criados desde pequeños. Pareciera entonces que el eterno agradecimiento que genera depender de alguien valida muchas dinámicas de abuso y violencia en contra del más vulnerable, que se mantienen ocultas, pues están legitimadas desde la base del contrato.

Focalizada en la tercera edad (un evidente ejemplo de dependencia), Maite Alberdi propicia un diálogo entrañable con la soledad que genera la vulnerabilidad de la vejez en su última película El Agente Topo. El filme es una mezcla orgánica entre una clásica ficción de cine negro y un documental de observación, yendo más allá de una situación aparentemente absurda para sensibilizarnos sobre la vida después de la productividad. 

En la película nos muestran la historia de Sergio, un viejo recientemente viudo que es contratado como agente secreto con el fin de investigar un asilo para ancianos en donde se presume están maltratando a Sonia, la mamá de la contratante. 

Con una gran agilidad, Alberdi nunca nos deja muy claro si está ficcionando una realidad o está registrando un experimento social. Esta ambigüedad intencional, lejos de quitarle mérito al resultado, hace de El Agente Topo una obra magníficamente montada, en el que su premisa inocente carga un fuerte mensaje en el subtexto: Lo que hace sentir mal a las personas del asilo no es lo que les sucede adentro, sino lo que les falta de afuera.

¿En qué momento dejamos de ser valiosos para los demás y cómo lidiamos con eso? En una sociedad en la que vemos a los más ancianos como lastres que no producen dinero tendemos a olvidar que los sentimientos no se acaban cuando uno se vuelve viejo. El amor, la tristeza, la rabia, las mentiras, la amistad y las lágrimas también pueden tener caras arrugadas, como las de Martha, Berta o Rubira, entre tantas otras. A raíz de eso Alberdi no sólo pretende “observar”  con la cámara el asilo, sino que, por medio de la fotografía y el montaje, se encarga de profundizar en cada personaje sin necesidad de entrevistarlo o forzar sus líneas, con lo cual hace de cada uno una radiografía en la que alberga sentimientos inevitablemente humanos. 

Curiosamente, pese a que no se siente nunca que Alberdi intervenga, su intención tampoco es ocultarse. En varios pasajes de la película el dispositivo cinematográfico queda al descubierto, como cuando dos de las ancianas hablan de que “están” grabando una película en el asilo, o cuando podemos verla a ella en su papel de directora al lado de una gran cámara con su respectivo operador por casi 10 segundos del metraje. En cualquier caso, más allá de aquellos pasajes en donde se hace obvio que Alberdi existe, tampoco su apuesta es ser ambigua en su mensaje.

Rescato en esa claridad para hablar sin caer en la obviedad o la pornomiseria el mayor valor de El agente topo, pues se nota en él una apuesta muy honesta que se funde en un grupo de recursos estéticos y narrativos muy bien escogidos y mezclados. No por nada estamos hoy ante una de las nominadas a Mejor largometraje documental en la próxima edición de los Oscar. Lejos del mérito que implica ganarse o no la estatuilla, deseo que El agente topo marque un nuevo precedente de lo que significa ser fiel a uno mismo para contar eso que le nace del corazón, pues es ese recurso más bello que conozco para narrar el mundo a través de imágenes.

Disponible en Netflix

Trailer:

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