Un destino efímero, libertario y lleno de protervia

El Ángel - Celuloide Latino

Crítica de El Ángel (2018), de Luis Ortega

Por Geraldine Serrato
@escriboconfotos

Desde el inicio del filme se presenta la característica que define a su protagonista, un joven adolescente de 17 años llamado Carlitos (Lorenzo Ferro), un ser rebelde que no tiene límites en lo que hace y quien deshace todo a su paso. Toma la vida como un juego, con tal naturalidad que genera un alarmante temor, no solo a sus cómplices, sino a nosotros como espectadores. Va en búsqueda del placer, de sentirse libre y de disfrutar todo lo que hace. Despreocupado sin reconocer la distinción de lo propio y lo ajeno. Ocasionando el inicio de una de tantas generaciones materialistas, con una imagen casi totalmente borrosa de la moral, con conductas apartadas de lo que puede ser lo correcto para un joven de su edad, como también de creer tener ese derecho y libre albedrío por decidir o convencer a los demás para conseguir lo que quiere.

Carlitos goza de robar y realizar asaltos de manera instantánea; sin planearlo, va por todo, y no es por que tenga carencias en su vida: viene de un hogar de estrato medio con buenos padres, nada le falta, pero la adrenalina y el sentir que está vivo no le hace perder las ganas de ir por cosas más grandes. Y como si su destino estuviera ya escrito, conoce a un chico llamado Ramón (Chino Darín) en su nueva escuela. Al verlo le produce una sensación indescriptible y de fascinación que logra llamar su atención. Desde ese momento se ven implicados en más de una aventura de asaltos, colmadas de amor, desenfreno y mucho crimen que les dejará —aparte de una gran fortuna— mucho dolor y desgracia, empezando por una situación que siempre generó duda entre los medios de prensa y los espectadores al momento de su captura: ¿hubo realmente algún tipo de acercamiento sentimental entre su cómplice Ramón y él? Esto desencadenará más conflictos en sus vidas. 

Las intenciones con la banda sonora dan un toque que complementa de una manera singular a la historia, inspirada en un hecho real sobre la vida de Carlos Robledo Puch, el criminal con más delitos en la historia de Argentina y quien hasta el día de hoy permanece en prisión desde el año 1972.  Toda la música, ambientada en la época de los 70, cuentan perfectamente el aspecto de libertad que hay en el protagonista, sobre todo con las canciones de “El extraño del cabello largo” de La Joven Guardia, “Llegará la paz” de Pappo ‘s Blues o “La casa del sol naciente” de Palito Ortega.

Gracias a la coproducción hispanoargentina y a la dirección de Luis Ortega se crea un thriller lleno de drama sin dejar atrás lo real de este suceso; envuelve todo en una atmósfera de sarcasmo y de un sentimiento tan trascendental que lleva al público a acercarse al mundo de este sujeto, de un sociópata —o psicópata tal vez— que actúa con tal frialdad, consecuencia de un impulso o reflejo que no le deja ningún complejo de culpa en su conciencia. El Ángel es digno de un notable trabajo audiovisual y producto de varios premios y nominaciones en festivales de cine.

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