Un duelo fraternal

Expansivas - Celuloide Latino

Crítica de Expansivas (2021), de Ramiro García Bogliano

BACIFI 2021, Sección Noches Especiales

Por Grace Ríos
@gracebud_

Me permito iniciar este texto de la película argentina Expansivas (2021), que ha formado parte de la selección del BAFICI 2021, con una pregunta: ¿Qué tanto importa la verosimilitud en el cine?

En ‘El cine según Hitchcock’, un libro que recopila las varias horas de entrevistas que le hizo François Truffaut a Alfred Hitchcock, ponen sobre la mesa el tema de la verosimilitud. Truffaut cuestiona al “padre del suspenso”, diciéndole que si él considera importante sacrificar la verosimilitud en beneficio de la emoción. Hitchcock responde que para él sí vale totalmente la pena, e incluso hace una analogía: “Pedir a un hombre que cuenta historias que tome en consideración la verosimilitud me parece tan ridículo como pedir a un pintor figurativo que represente las cosas con exactitud”. 

Este era uno de los problemas recurrentes que Hitchcock tenía con la crítica. A los críticos de cine les llamaba con ironía “mis amigos los lógicos” o “los verosímiles”, porque decía que si se le presta la suficiente atención a una película, y se cancela la suspensión de la realidad en la que con frecuencia nos vemos envueltos frente a una obra cinematográfica, siempre es fácil encontrar lagunas de realidad. 

¿A qué voy con todo esto? Bien, pues Expansivas cuenta la historia de dos hermanas que después de no verse por mucho tiempo debido a una tragedia familiar, se reencuentran y visitan la casa de su infancia, misma en la que se cometió el feminicidio que puso fin a la vida de su madre, y en la que aún quedan restos del trágico evento; entre ellas, el arma con la que se cometió el crimen, la cual de alguna manera sirve que para confirmar su sospecha de que el asesino es su padre. Se deciden a matarlo. 

¿Podría parecer un disparate que un par de chicas se decidan a cometer un asesinato? Quizá. Pero Flavia, la mayor de ellas, ya muestra carácter y técnica en una de las primeras escenas en la que defiende a una compañera de trabajo que estaba siendo acosada por un compañero. De la que hay un poco más de duda es de Ana, quien es por lo menos diez años menor y parece mucho más dulce e inofensiva que su hermana. 

Una vez que comienza la persecución —en la que no faltan balazos y algunas maniobras propias del género— descubren que el padre al parecer pertenece a una mafia de trata de blancas… En este punto, como espectadores nos puede asaltar la suspicacia: ¿cómo dos chicas solas se pueden enfrentar a semejante camorra? Y es aquí donde me segmento en dos. Por un lado, ¿cuántas historias no vemos en el cine y la televisión que resultan totalmente inverosímiles? Como James Bond o Misión Imposible. Pero, al final nos las creemos, o por lo menos toleramos las dos horas y media de maromas que las conforman.  Haciendo de lado los numerosos huecos narrativos (los hay varios), ¿por qué cuando se trata de dos mujeres armadas luchando contra los malos resulta más complejo suspender la realidad? Por una parte, opino que no importa, que está bien ver a dos chicas ordinarias abogando por otras chicas, está bien ver a la ruda Flavia (con una interpretación soberbia de Sara Hebe) y a la —en apariencia— inofensiva Ana partiendo traseros y resultando triunfantes. Si los hombres se embarcan en misiones imposibles, ¿por qué nosotras no?

Por otro lado, pienso que tal vez lo más difícil de este tipo de narrativas es que como latinoamericanos estamos muy cerca de estos temas y sus consecuencias. Sabemos lo que implica involucrarse en estos contextos violentos, en los que siendo hombre o mujer (aún más siendo mujer), la organización es tan fuerte y compleja, que resulta difícil salir con vida. Estamos conscientes de que nada de esto es un juego, y creo que ahí reside la diferencia tan abismal entre un thriller de espías hollywoodense y uno en el que los villanos son los mismos que nos matan a diario. 

No me atrevo a afirmar qué tiene más peso en Expansivas. Entiendo que las intenciones feministas están  ahí puestas, porque si bien la película fue dirigida por Ramiro García Bogliano, el guion fue escrito por una mujer, la debutante como guionista Milagros Garro, quien hasta el momento había construido su carrera cinematográfica en el departamento de arte.

En relación a la evolución de las personajes hay un par de momentos importantes de rescatar. Uno de ellos es cuando Ana realmente se decide a matar a su padre. Se encuentra en la sala de espera acompañada por su tía (hermana de su madre), preocupada por Flavia después de un primer enfrentamiento fallido. En la televisión pasan el noticiero y ve la foto de la chica que sabe que su padre tiene secuestrada, las lágrimas brotan con furia, dicta la sentencia: “Hay que matarlo”, la tía le responde que así no va a revivir a su madre… Pero ahí está la fuerza de la escena, en ese momento de anagnórisis de Ana. Ya no se trata solo de su madre, si no de que ese hombre no siga lastimando a más mujeres. 

Por último, me quedo con el gesto de la escena postcréditos en la que vemos llorando a la inquebrantable Flavia, mientras va de regreso a alguna parte, nuevamente lejos de su hermana y su doloroso pasado. Esta escena se relaciona directamente con una en la que Ana y la tía de ambas hablan de su carácter, de cómo parecía que no se permitía expresar emoción alguna, que aún en el funeral de la madre, quince años atrás, nunca se le vió llorar. Pues bien, en estos últimos minutos somos testigos de la catarsis del personaje al que finalmente, después de la odisea vivida, logra romperse.

Trailer: