Constatar la existencia

Fauna - Celuloide Latino

Crítica de Fauna (2020), de Nicolás Pereda

FICUNAM 2021, Sección Atlas

Por Roberto López
@RobertoLodom

El escritor, tras ver Fauna de Nicolás Pereda, se dispone a realizar un texto. Posee un montón de ideas pero no sabe cómo concretarlas, difuminarlas, hacerlas suyas. Leyendo un poquito se da cuenta que muchas de las ideas que él tenía ya se han dicho, así que quedan descartadas, porque para decir lo mismo mejor no decir nada. A partir de este ejercicio (usual en él antes de escribir un texto), se permite reproducir una entrevista realizada al actor principal, Lázaro Gabino Rodríguez, como último recurso de inspiración contra la repetición. Es ahí donde encuentra no una inspiración ni una idea, sino una pista, una manera de explorar la película. Y escribe lo siguiente: 

De entrada, Fauna, del mexicano Nicolás Pereda, sobre dos hermanos en su visita a sus padres, es una ruptura en las convenciones de su propio cine, acostumbrado a la repetición y a la contemplación de lo natural, como en Minotauro (2015), película de pequeñas sutilezas, bohemias coincidencias, somnolencias y letargos, pero que ya introduce el concepto de una dualidad esporádica y espontánea en las relaciones dentro de un departamento entre sueños, adormecimientos, lecturas o llamadas de teléfono, que inevitablemente remite a la especularidad de la obra maestra de Alan Resnais Last year at Marienbad (1961).  

Revirtiendo sus propios intereses, Pereda se suelta por la exploración de las posibilidades de lo que el —acto de narrar— ofrece, estira los límites, los cruza y juega con ellos. El impulso por revertir los tropos resulta en la conjugación de dos tramas mediante el recurso de la metaficción, empujando el artilugio como soporte de una idea, por demás brillante, como la de colocar al personaje a interpretarse de otra forma. Fauna es, entonces, una innovación en la narrativa del cine mexicano como nunca la ha habido. 

Lo metaficcional entra para inmortalizar la idea de la eternidad (o la existencia) del actor, porque si no puede permanecer como uno, podría hacerlo como otro. La metaficción es el vehículo para que el actor se desenvuelva en su entorno y vivir muchas vidas, lucir muchos rostros, y habitar tantos escenarios como la mente humana pueda imaginar. Incluso, el póster de la película transmite la idea con las pelucas de todos los personajes. Lo fascinante es que, añadiendo a esa capa de representación narrativa, Pereda se atreve a hablar también de otra cosa: el riesgo de la banalización de la violencia al reducir, menospreciar o caricaturizar la forma en que vemos al narcotráfico en los medios, ya sea cine o televisión. 

Este ejercicio de contenido dentro del contenido se consuma en un par de escenas que, si bien no son las mismas, se reflejan en dos espacios narrativos distintos. Y es aquí donde Pereda vierte lo inasible, que es precisamente lo que da título a éste texto; en las mismas palabras de Gabino Rodríguez en entrevista con Cátedra Bergman: Constatar la existencia.[1]

Ensayos

En el ensayo está la representación.
Hay una línea que se desdibuja entre lo real y lo histriónico que comienza y termina con los tres personajes principales, interpretados por los tres actores de cabecera en las películas de Pereda: Luisa Pardo, Lázaro Gabino Rodríguez y Francisco Barreiro, quienes se han encarnado a sí mismos a lo largo de su filmografía con pequeños matices de variación, pero sus nombres y personalidades suelen ser las mismas. Gabino (cuya identidad se ha desdibujado en una versión alterna de él mismo en esta realidad) presencia una “audición” exigida forzosamente por su padre a su cuñado, Paco, quien tiene un papel muy pequeño en una famosa serie de narcos. La pequeña actuación existe en la serie mencionada, y Paco la representa un par de veces ante la inconformidad e insatisfacción del padre. 

Al mismo tiempo, Luisa ensaya con su madre un texto perteneciente a Sonata de otoño (Höstsonaten, Ingmar Bergman, 1978) para una audición que tendrá muy pronto. Ambas lanzan los diálogos, cada una a su forma de entenderlos y asimilarlos. En este caso, las dos interpretan lo mismo, mientras que Paco, engullido en un ambiente de hostilidad e incomodidad, hace la misma escena dos veces. La repetición de Pereda se hace presente (una vez más, como en Minotauro y sus lecturas repetidas, justificando las emociones), hasta que aparece un salto interior a otra ficción (como si no fuera la anterior también ficción): la metaficción hace su entrada triunfal, después de la vertiginosa muñeca matrioshka teatral, cuando Gabino le cuenta a su hermana sobre el libro que está leyendo. Aquí saltamos hacia dentro.

Histriones

<<Mi libro trata sobre un hombre que llega a un pueblo buscando a alguien>>, le dice Gabino a su hermana, Luisa.

Y de repente estamos dentro del libro.

Una representación cinematográfica, sostenida por Luisa, Gabino Y Paco. 

Gabino busca a quien parece ser un jefe del narco. En su búsqueda, se encuentra con una mujer misteriosa llamada Flora, con un conflicto nacido del peligro que anida el pueblo. 

Al mismo tiempo, Gabino parece tener un primer contacto con el jefe narco, sólo para encontrarse con una dolorosa verdad: él está desaparecido y nadie sabe su paradero. Todo lo anterior se lo dice Paco, quien también tiene un papel en la presente ficción, como un mensajero del cártel. 

El tono, a pesar de no cambiar demasiado, sí se percibe enrarecido por un destello de lo absurdo, e incluso de la burla, ya que la plasticidad y la representación teatral de los encuentros, de los diálogos y de las facciones son, todo el tiempo, farsescos, como en el ensayo realizado por Gabino y Flora (interpretado por Luisa, claro está), para intentar persuadir a la hermana de ésta, Fauna, para que se vaya lo más lejos del pueblo.

El actor se hace presente, se constata su existencia y sabemos que son actores porque, de entrada, estamos viendo Fauna de Nicolás Pereda; segundo, porque dentro de la película se relata visualmente el libro y, tercero, porque en ese ensayo se inmortaliza la presencia del actor. 

Fuera de las interpretaciones metanarrativas sobre la representación dañina y peligrosa de la violencia, Fauna permite tomarse una molestia más: La invitación al riesgo, con Gabino comisionado por Flora para sacar a Fauna de ese pueblo, el lugar común, metaforizado como un pueblo asediado por el narco.
Pereda ve a Fauna, su personaje, como el consumidor promedio de un contenido amenazante, que asesina a sus pobladores, quitándoles la posibilidad de la imaginación, la experimentación y el goce de lo distinto, con los tropos, convenciones y estereotipos de siempre.  

Fauna se desprende de cualquier reducción, al cerrar la invitación con otra invitación, la de imaginar el final, para que lo inconcluso arroje cientos de posibilidades más en contra de lo definitivo. 

Sólo así la película podrá comenzar de nuevo, pero, tal vez, con uno mismo como protagonista. Entonces la existencia se constata porque todos seremos actores.

Y el ciclo, aunque no se cierre, quedará satisfecho. 

Al terminar el texto, el escritor dio unas cuantas leídas, revisó ortografía y se fue satisfecho al ver que, aunque cayó en algunas repeticiones de ideas ya dichas, intentó expresarse de manera distinta. 

El escritor también constató su existencia en el escenario del lienzo, antes en blanco, ahora lleno de palabras. 

FUENTES:[1]Canal Cátedra Ingmar Bergman (4 de Agosto del 2019). Gabino Rodríguez: Continuidad, grupo y resistencia [Archivo de video]. YouTube. https://youtu.be/q6R7NrVMH40

Trailer: