Susurraré y vigilaré, y tu casa tiraré

La casa lobo - Celuloide Latino

Crítica de La Casa Lobo (2018), de Cristóbal León, Joaquín Cociña

Por Kathia Jiménez Alegria
@Alegria_Kath

Hace un par de años se estrenó la película La casa Lobo, una producción chilena que apertura con una narración en voz masculina, aparentemente de un hombre extranjero. Este nos cuenta que al sur de Chile, en medio de una zona semi salvaje, hay una Colonia pura de alemanes que preparan una miel deliciosa, pero que a su vez, se protege del mundo exterior. Señala que mucho se ha hablado de esta y sus prácticas. No obstante, espera que lo próximo a presentarse disipe todos esos rumores. Entonces aparece María, una niña que huye de un castigo por haber dejado libres a dos cerditos. Llega a una casa abandonada en el bosque y decide instalarse con los cerditos, quienes después toman forma humana como Ana y Pedro. Poco a poco generan un lazo familiar que los unirá para protegerse entre ellos. Sin embargo, la casa no es sólo un inmueble. Tiene vida, los atormenta y les habla con esa voz de mala dicción que ya habíamos escuchado anteriormente. La voz es de un lobo al acecho que observa cómo María, Ana y Pedro se esconden de él. 

Sin duda, el filme funciona como una experiencia audiovisual inigualable que conjuga la técnica de stop motion con personajes que entran y salen de las paredes, construyendo sus cuerpos con la misma casa, combinando el sonido de las voces dulces transformadas en amenazadoras o tétricas. Todo parece extraído de una pesadilla inexplicable, onírica, cerrada, amorfa, que convierte lo feliz en escalofriante. 

Detrás de semejante delirio, la realidad supera la profunda pesadilla. Los directores, Joaquín Cociña y Cristóbal León, retoman la historia de la Colonia Dignidad para adentrarnos en el tormento mental de una pequeña niña, dándole el papel antagónico a Paul Shäfer como el lobo. 

Shäfer, un enfermero y exsoldado nazi prófugo de la justicia alemana y perteneciente a una secta religiosa, fundó en 1961 en Chile la “Colonia Dignidad”, donde albergaba a inmigrantes alemanes, huérfanos del terremoto de Chile de 1960, y a niños de poblaciones cercanas para darles educación y vivienda. Así se constituyó legalmente como una Sociedad Benefactora y Educacional que en realidad era un Estado radicalmente aislado. Shäfer fungía como el mandatario principal que obligaba a la comunidad a trabajos forzados e inhumanos, prohibía relaciones conyugales y sentimentales, implementaba el exterminio, la tortura y la pedofilia. El único enlace con la nación chilena fue durante la dictadura militar de Augusto Pinochet, quien mandó a sus opositores al enclave. Finalizada ésta, en 1990, tanto las denuncias como la incautación de los archivos de la Colonia, revelaron las atrocidades, el espionaje, los detenidos y las operaciones de exterminio que estuvieron presentes por casi veinte años1.

Pero más allá de satanizar a Shäfer, como bien señalaron en una entrevista los directores, todos somos un poco lobos. Se sabe que los colonos llamaban a los chilenos schweine, que en español significa “cerdo”2. Así, no es gratuito que el lobo ande tras los pasos de los cerditos. María también logra convertirse en lobo. Primero protege a los cerditos encerrándolos en una casa, acto seguido de la conversión de cerdos a humanos. Tras vigilarlos y hablarles desde las paredes —la misma manera que lo hace el lobo—, convence a Ana y a Pedro de tomar un camino que los cambiará de ser chilenos a alemanes. Finalmente, los niños intentan huir de ella y de sus reglas, susurrando entre ellos lo mala que es María. No es sólo una pesadilla de cuento de hadas, es la historia de cómo la víctima indefensa se puede convertir en víctima autoritaria.

Dentro de los archivos incautados se encontraron falsos documentales en los que se mostraba una forma de vida idílica de los habitantes. Fue un verdadero cuento de fantasía que construyó Shäfer para sí mismo. Sin embargo, era una pesadilla social autoritaria en miniatura3 lo que pasaba en el perímetro, rodeado de falsos árboles con cámaras4 para evitar las fugas de los colonos que vivían en constante temor. La historia de María, del lobo y los cerditos, bien pudo ser de cualquier niño, o de cualquier habitante que intentó huir, y que el acecho del lobo no lo dejó en paz siquiera en sueños.

Y ahora bien, ¿ya huiste del lobo de tu Colonia?¿O también eres lobo?

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1Cassigoli, Rossana. “Sobre la presencia Nazi en Chile”, en  Acta Sociológica, No. 61, Mayo-Agosto de 2013, pp. 170-176.
2Parraguez Marcial, “Directores de la Casa Lobo: ‘Chile está secuestrado por una clase depredadora”, en Pousta. visitado el 13 de mayo de 2021.  https://pousta.com/la-casa-lobo-entrevista/
3Ibidem
4DCI Distribución, “Entrevista: Cristóbal León y Joaquín Cociña, directores de La Casa Lobo”, 0:26. https://www.youtube.com/watch?v=r6AEK–cTVY