Los rituales de la hipocresía

La viuda Negra - Celuloide Latino

Crítica de La viuda negra (1977), de Arturo Ripstein

Por Kathia Jiménez Alegria
@Alegria_Kath

La cinematografía mexicana de los años 70 se caracteriza por ser una moneda de dos caras. Por un lado, el cine de ficheras daba lugar a producciones decadentes y vulgares que tenían como objetivo entretener a la población. Por otro, se estaban consagrando proyectos autorales que aperturaron temas serios, dejando atrás la fórmula de la Época del Cine de Oro. Así Felipe Cazals, Jaime Humberto Hermosillo, Jorge Fons, Paul Leduc y Arturo Ripstein experimentaban con miradas más expuestas a la realidad. Este último aprovechó la década para explotar recursos literarios que le permitieran especializarse como el director que exhibe las contradicciones existentes en el conservadurismo, como lo han sido El castillo de la pureza (1972) o El lugar sin límites (1977).

Basada en la pieza teatral Debiera haber obispas (1954) de Rafael Solana, La viuda negra (1977) trata la historia de Matea (Isela Vega), una niña huérfana, adoptada por las monjas de un convento, que ha divinizado la sexualidad —o sexualizado lo divino1— , por lo cual es castigada por las monjas y el cura. En su adultez, se muda a un pueblo queretano para trabajar de ama de llaves en la casa parroquial del Padre Feliciano (Mario Almada), quien prontamente le halaga su belleza y juventud. Aparentemente, es acogida por la feligresía, pero no cuenta con que ahí se enfrenta a las falsedades de esta. Habiendo pensado que ya había pagado todos sus pecados, la acusan de llevar el mal al pueblo por ser la amante del cura y propiciar su muerte. No obstante, Feliciano, antes de morir por la negligencia de los pueblerinos que le dieron la espalda, le ha contado a Matea todos los secretos que le han dejado en el confesionario, por lo que ella hace uso de estos para atormentarlos. Sin embargo, son gente sin perdón, sin humanidad. Ellos son la viva imagen de los demonios que habitan en el infierno.

Así, los secretos, la culpa y la doble moral son las protagonistas de esta historia. Si bien, impacta escuchar que un cura ponga en cuestión su función en la sociedad, el filme muestra que las normas de la religión son inhumanas y contradictorias. ¿Qué es peor, un cura que cede a sus deseos carnales? ¿Los adeptos cometiendo atrocidades que van desde la lujuria y el adulterio, hasta la corrupción, pedofilia, narcotráfico y asesinatos? ¿O saber que alguien cometió un crimen y no denunciarlo porque ya lo perdonó Dios? Es decir, la iglesia encubre pecadores y criminales que creen sanada su acción mediante plegarias. Ni Feliciano ni Matea tienen intenciones de inmortalizar dichas costumbres. Son personas que han desarrollado toda su vida bajo la iglesia católica, aceptando normas y castigos; siempre han sido las ovejas perdidas, aquellas que aluden a su criterio y no al dogma.

En el mundo real, la hipocresía es algo que permanece. Aunque Ripstein haya expuesto la doble moral en filmes previos que tuvieron un contexto conservador, resulta irónico que la película haya sido censurada por la Dirección General de Radio Televisión y Cinematografía (RTC) a cargo de Margarita López Portillo, hermana del entonces presidente. Dicho sea de paso, esta última se fue al infierno por sus “buenas” intenciones de promover una industria audiovisual con valores familiares y humor blanco que desembocaron en su hundimiento. ¿Es acaso que le incomodaron las desnudas escenas de Isela Vega que corrompen todos los rincones de la casa parroquial, porque invitan al espectador a pensar su realidad? ¿O pensaba que era mejor perpetuar el humor blanco, familiar y popular que se encontraba en las tangas de las ficheras? En 1983, la justicia divina permitió que La viuda negra viera la luz y exhibió el demoníaco plan de López Portillo por perpetuar la ceguera social con el vulgar entretenimiento.

1Fortin, María, “Las Diosas caídas del cine Ripsteiniano”, Univ Lille Nord de France, F-59500 Lille, ULCO, HLLI, F-62200 Boulogne-sur-Mer, Francia. pp. 3-4. http://www.tramayfondo.com/actividades/vii-congreso/las_diosas/downloads/fortin-maria.pdf