¿Esquivando o destruyendo una violencia silenciosa?

Los días de la ballena - Celuloide Latino

Crítica de Los días de la ballena (2019), de Catalina Arroyave Restrepo

Por Geraldine Serrato
@escriboconfotos

Cristina (Laura Tobón) y Simón (David Escallón) son seres que se encuentran y conectan en un entorno de lucha contra las diferencias sociales, familiares y personales, demostrando lo difícil que es vivir en un lugar donde el conflicto no tiene nombre y donde las únicas formas de sobrellevar la vida es el amor que hay entre ellos dos y el arte de graffitear. No saben de límites, y eso los lleva a enfrentarse a diferentes situaciones que les hacen dudar —no solo de sí mismos— sino de lo que tienen a su alrededor al percatarse de una serie de amenazas y tensiones de personas que buscan apropiarse de la ciudad a partir de la imposición y fuerza que pondrá en peligro sus vidas.

Esa violencia silenciosa, a la cual la gran mayoría no enfrenta, se puede contemplar en la imagen de una ballena en diferentes escenarios, que más adelante Cris y Simón plasman en un muro como significado de ese espíritu incondicional y libre que hace parte de la colectividad de jóvenes inspirados y apasionados por el arte. Con esto intentan dar un giro poco convencional al enfrentar el conflicto y desafiar el miedo, revelándose a la injusticia que están siendo sometidos.

Los días de la ballena tuvo un proceso de desarrollo de seis años, periodo durante el cual la directora Arroyave y su equipo investigaron, entrevistaron y buscaron los lugares ideales para que los colores y los paisajes urbanos transmitieran esa realidad social con el trasfondo emotivo y nostálgico que enfrenta una ciudad que busca esperanza mediante el amor, el arte y la unión familiar. Una de tantas luchas que ha vivido Medellín durante varias décadas; motivos por los que otros filmes como Matar a Jesús de Laura Mora, Los Nadie de Juan Sebastián Mesa o incluso Rodrigo D: No futuro de Víctor Gaviria, retratan la verdad que muchos ven y callan.

La música es más que un complemento, pues hace que la experiencia sea un universo lleno de sensaciones de ritmos y letras profundas. La agrupación Alcolirykoz, reconocida en el género del hip hop y con una trayectoria desde 1999, es la que más representa no solo la ciudad de Medellín o su gente, sino las vivencias frente a diversos conflictos; por ejemplo con la canción Equipo de carretera, citando la parte “Así es que mi generación empieza el proceso de aceleración es libertad por elevación; Maté las empresas, ya soy mi patrón tenía razón aquel que dijo: no es casarse y tener hijos no es tener empleo fijo, búsquese una vida mijo voy en la parte de atrás, piloto automático”, se muestra la situación de los protagonistas y su lucha constante; cabe resaltar la actuación de Kaztro como Lucas, quien es integrante de esta agrupación. A su vez, la banda sonora se complementa con artistas como Granuja con la canción Punto rojo, también hip hop; Los Árboles con Medellín, de género punk y rock; Siguarajazz con Rumba cachao, de género salsa, entre otros. Todos son artistas colombianos de la ciudad de Medellín que demuestran la conexión entre letras y acciones. Demuestra que el potencial artístico en cine y en música sigue siendo infravalorado.

Trailer:

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