La continuidad de la favela
La continuidad de la favela

La continuidad de la favela

Crítica de Ciudad de Dios, 10 años después (2013), de Cavi Borges, Luciano Vidigal

“¿Puede una obra de arte cambiar la vida de alguien?”

Por Kathia Jiménez
@Alegria_Kath

En 2002, Fernando Meirelles y Kátia Lund adaptaron a cine una historia verídica escrita a finales de la década de 1990 por Paulo Lins, titulada Cidade de Deus (Ciudad de Dios), la cual está ambientada durante los años sesenta a ochenta en la periferia de Río de Janeiro, época en la que se empezaron a conformar las primeras favelas. Con Zé Pequeno y Buscapé como protagonistas, tanto la película como el libro reflejan la violencia, el crimen organizado y la marginación que diariamente ambos —así como otros doscientos chicos que aparecen también en el filme, padecen—. La crudeza con la cual la película reflejó estas circunstancias generó la ovación del público en el festival de Cannes, otorgándole el reconocimiento nacional e internacional. Así, Cidade de Deus no solo se convirtió en una joya cinematográfica, sino que mostró al mundo otra cara distinta de aquel Brasil exótico y de una gran belleza natural. Por si fuera poco, la película  también fue galardonada con cuatro nominaciones al Oscar y dos a los premios BAFTA. 

Sin embargo, como se sentencia en la película, “En Ciudad de Dios, si corres te agarran; y si no corres, te joden”, Cidade de Deus. 10 anos depois (Ciudad de Dios. 10 años después, 2013) es un documental que expone cómo los actores dejaron que esta los agarrara o los jodiera. 

El reparto de la obra fue idolatrado, sobre todo porque la mayoría no eran actores profesionales. Eran jóvenes originarios de las favelas para los cuales la pobreza y violencia era —y es— cotidiana. En el imaginario de ellos, el arte estaba muy distante de ser una forma de ganarse la vida; eso era sólo para burgueses. En este sentido, previo al rodaje de la película no había forma de cubrir el casting que requería obligadamente actores pretos (negros). Como señala Luis Vidigal, director del documental, “El mercado audiovisual en Brasil es muy racista. Las grandes producciones,[..], buscan perfiles muy americanizados: blancos, rubios y de ojos azules”1. En consecuencia, recurrieron a hacer audiciones dentro de las mismas favelas. Es así como comenzó el sueño de abandonar la marginación. Tras haber cruzado el Atlántico en avión para llegar a un festival internacional de cine en Francia, y haber ganado reconocimiento a nivel mundial, regresaron a afrontar la realidad, a buscar el pan de cada día. Un enorme choque cultural. 

Pocos de ellos, con altibajos, pudieron seguir por el camino de la actuación, dos de ellos a nivel internacional: Seu Jorge (Mané) y Alice Braga (Angelica). Esta última, a pesar de caracterizar a un personaje secundario dentro de la obra, se convierte en centro de atención en Estados Unidos por aparecer en el póster promocional, lo cual se convierte en su puerta de entrada a la industria hollywoodense con Soy Leyenda (2007). ¿Será que esa oportunidad le fue presentada al simbolizar el éxotico y sexualizado estereotipo de mujer latina más comercializado en Estados Unidos? Mientras tanto, Seu Jorge audicionó para la película de Wes Anderson The life aquatic with Steve Zissou (2004), además de continuar con su carrera musical. Thiago Martins (Lampião) obtuvo éxito como cantante blanco brasileño. Curiosamente en sus presentaciones, recrea la escena en donde él grita “Ataque sovietico” y mata a Zé Pequeno. Tal vez para colgarse de los pocos diálogos famosos que le dio el filme. 

La mayor parte del casting tuvo que abandonar el sueño de salir de la favela, únicamente formaron parte de la utilería de la obra de arte. Algunos aceptaron que no estaban preparados para entrar en el mundo del cine y la fama, probablemente por las escasas oportunidades y la cerrazón a la poca o nula preparación que poseían en la actuación, además del racismo ya mencionado. Sin embargo, había que sobrevivir y para ello se vieron obligados a continuar viviendo aquello que habían reflejado en la película.

Aunque Cidade de Deus haya expuesto la importancia de la negritud en la sociedad brasileña, las producciones audiovisuales aún se encargan de reproducir el estereotipo del preto pobre, vándalo y violento. No se opta por reflejar la historia de los negros. ¿Acaso es preferible mantenerlos en ese estigma para que, como al final del filme, siga habiendo corruptelas con el crimen organizado?

Otra de las cosas que reveló la película fueron las carencias de programas sociales en la periferia de Río de Janeiro, por lo que algunas ONG’s impulsaron proyectos sociales para la mejora de la comunidad, entre ellas la educación y el turismo, ya que la favela de Vidigal se hizo famosa con la película y hasta la fecha sigue atrayendo turistas. No obstante, el crimen sigue dominando las favelas. La realidad es que la comunidad no necesita apoyos que tengan vigencia en la inmediatez, es necesario comer y tener dinero con qué alimentarse, y si eso se los da el crimen organizado, lo emplearán, tal como lo hicieron muchos de los actores mencionados.

Y después del rotundo éxito y vigencia de Cidade de Deus, podemos preguntarnos ¿Hasta cuando los marginados permanecerán al margen  del arte?

Trailer:

1El País, “La vida tras ‘Ciudad de Dios’” https://elpais.com/cultura/2014/11/18/actualidad/1416336946_035849.html. Consultado el 15 de julio de 2021.