Tocar fondo para sobrevivir
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Tocar fondo para sobrevivir

Crítica de Luz, la flor del mal (2019), de Juan Diego Escobar

Por Geraldine Serrato
@escriboconfotos

Un filme como Luz no entra en lo habitual del cine latinoamericano, ya que sale de las narrativas sociales a las cuales estamos acostumbrados como el retrato de la realidad de vivir en un lugar lleno de injusticias y guerra. Considero que es un inicio importante para desarrollar otras áreas creativas del cine y las posibilidades de plasmar historias. En esta ocasión, su director Juan Diego Escobar Alzate genera su ópera prima con una historia llena de folk horror o western; con esto cambia el paradigma y se adentra en otro mundo repleto de magia, sucesos inesperados y dolor causado por creencias que, a fin de cuentas, son las que destruyen la humanidad. 

Luz cuenta la historia de una comunidad aislada en las montañas, conducida por los principios y la palabra sagrada de Dios, que se encuentra a la espera de la llegada del nuevo mesías que salvará de la desgracia al mundo. Ahí, el Señor (Conrado Osorio) es líder predicador de la comunidad, quien hace creer a la comunidad que todo lo que venga de fuera es un rastro del diablo para desviar las buenas intenciones; lo cual lleva a sus tres hijas, Laila (Andrea Esquivel), Uma (Yuri Vargas) y Zion (Sharon Guzmán), a cuestionarse si Dios es real o no y si su palabra es realmente cierta. El señor, al sentirse descubierto, sale a flote su verdadera personalidad: la de un hombre inescrupuloso, prejuicioso y lleno de maldad. 

Esta película —realizada en las montañas colombianas, en el municipio Villamaría (caldas)—nos transporta a otro mundo casi irreal. Con un corto presupuesto se logró que toda la naturaleza se mostrará en su máximo esplendor y que resultará ser uno de los protagonistas de la historia. Y lo que más llama la atención es lo que expresa el color en el desarrollo de cada plano; cómo se mezclan varias tonalidades para darle más intención a ciertas escenas de suspenso o terror. Tampoco se queda atrás el manejo de la fotografía que tiende a ser similar a Midsommar (2019). Impecable que en ciertos puntos llega a ese realismo mágico que caracteriza al folk horror

A pesar de que en ocasiones hubo sobreactuación en los personajes, lo cual impidió transmitir algunos sentimientos, es una película enriquecedora que retrata de manera singular e inesperada los procesos de dolor y sanación en el ser humano. Luz transmite todo eso que somos y no reconocemos, porque lo normalizamos tanto, que nos nubla la mente o el corazón; no sabemos realmente que vivimos con el bien y el mal adentro. 

Muestra cómo demostramos con acciones lo egoístas que podemos ser, y tenemos que pasar por alguna desgracia para abrir todos los sentidos y darnos cuenta de que dañamos nuestro ser y el de otros.

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Trailer: