La negra de…
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La negra de…

Miradas a otras Latitudes. Este mes visitamos Senegal, y lo hacemos a través de un filme clásico del país africano; La Noire de...

Crítica de La Noire de… (1966), de Ousmane Sembène

Por Grace Ríos
@Gracebud_

El título de la película, que podría traducirse al español como “La negra de…”, recuerda a la forma en que son nombradas las criadas en la novela distópica de Margaret Atwood,  El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale). En el libro, ubicado en el universo de Gilead Estados Unidos después de un golpe de estado orquestado por políticos teócratas—, en un mundo en que la mayoría de las mujeres son estériles, aquellas que son fértiles son obligadas a convertirse en “criadas”, reducidas casi a objetos con la única función de servir como vientres de alquiler de los miembros de la oligarquía gilense. Y como tal, son nombradas de acuerdo al nombre del hombre del que son propiedad, como es el caso de la protagonista que lleva el nombre “DeFred”. 

La distopía propuesta por Atwood no dista mucho de las políticas opresivas que siguen vigentes en la sociedad real regida por el capital, en la que, según el nivel de poder adquisitivo, se puede contratar a una criada para mantenerla en muchas ocasiones bajo un sistema de esclavitud legal. Este modus operandi se ha visto favorecido y fomentado por el colonialismo. Tal es el caso de La Negra de… (1966), una película dirigida por el cineasta senegalés Ousmane Sembène, basada en un cuento escrito por él mismo que relata la travesía de Diouana, una adolescente analfabeta originaria de Dakar que comienza a trabajar como niñera para una familia de franceses adinerados. La chica se siente orgullosa de tener un trabajo respetable y se ilusiona aún más cuando es invitada a pasar las vacaciones en Francia con sus patrones. 

Diouana incluso rechaza a su novio para irse. Se siente importante, entusiasmada por conocer un nuevo país y expectante de todas las aventuras que augura están por sucederle apenas ponga un pie en el primer mundo, lejos de su pueblo pobre y polvoriento. Al llegar a Francia, parece una estrella de cine, ataviada con sus mejores ropas, portando collares, aretes y zapatos de tacón. Es esta la primera secuencia de la película, la llegada de Diouana a Antibes. El director presenta a la protagonista de manera que nos hace partícipes de su mundo de ensueño, a la expectativa de una aventura glamorosa. Pero la realidad está lejos de ser tan afortunada. 

Las interacciones dialogadas de Diouana son pocas, el idioma es una barrera tan grande y excluyente como lo son la división de clases y la discriminación racial. Por lo que la voz de Diouana se manifiesta principalmente a través de sus pensamientos, sus gestos, sus miradas; una alegoría también de su analfabetismo, que es llevada al límite de la humillación cuando, durante una comida con amigos organizada por los patrones, Diouana es obligada a cocinar, servir y recoger la mesa, mientras los presentes hacen comentarios acerca de su apariencia, de su procedencia, de su desconocimiento del idioma y, ante este último descubrimiento por parte de los invitados, la anfitriona agrega que: “entiende instintivamente, como un animal”. 

Cansada de estar encerrada, de los malos tratos de sus patrones y sintiéndose reducida a un puesto de servidumbre que nada tiene que ver con la liberación que había imaginado, Diouana toma una decisión radical, pero al mismo tiempo, lamentablemente comprensible: terminar con su vida. No puede regresar a su pueblo del que salió con tantas promesas de abundancia, y la única manera de ser dueña de su cuerpo y de su voluntad, de dejar de ser la propiedad de alguien más, el único escape a una vida sin aspiraciones, es la muerte.

Sembène encontró en el cine una forma de extrapolar la política y causas sociales en las que estaba inmiscuido, a través de historias conmovedoras con personajes que se sienten humanos y no solo un artefacto más al servicio de la industria del entretenimiento. Según su visión, decidió que a diferencia de la escritura (oficio que también practicaba), el cine era un medio más democrático del que podía disfrutar incluso la población a la que quería llegar. Aquella que, como Diouana, no sabía leer ni escribir.

Trailer:

La noire de.. 1966