La revolución underground
La revolución underground

La revolución underground

Crítica de Esto no es Berlín (2019), de Hari Sama

Por Kathia Jiménez
@Alegria_Kath

Situémonos en el año de 1986 en México. La juventud mexicana ya había pasado por sus grandes movimientos de lucha social. Ante el miedo del avance comunista y socialista por todo el mundo, los gobiernos violentaron a aquellos jóvenes que eran conscientes de la desigualdad política y social que vivían a nivel global. En consecuencia, ellos optaron por una transformación que les permitiera tener presencia social y política. Universitarios de todo el país fueron parte del movimiento estudiantil de 19681, seguido del “Jueves de Corpus” en 1971, que terminó también en una matanza estudiantil injustificada2. En 1973, la Liga Comunista 23 de Septiembre concentró grupos de estudiantes y jóvenes armados que buscaban establecer una revolución socialista a través de la educación del proletariado. No fue hasta 1999, con la Huelga de la UNAM, que los universitarios retomaron la lucha. 

Fueron tiempos que se acompañaron de la escena británica protagonizada por The Beatles o The Rolling Stones. Así mismo, se convirtió en un mito el movimiento hippie con Woodstock o Avándaro, y se pudo presenciar el nacimiento del punk y otros géneros derivados del rock. Fue la época donde filmes de la Nueva Ola Francesa, de Stanley Kubrick, de Pier Paolo Pasolini, de Bernardo Bertolucci o Martin Scorsese marcaron una ruptura realista sobre la individualidad, la sexualidad y lo político-social. ¿Es posible que durante 26 años, los jóvenes estudiantes no se hayan revolucionado?

Esto no es Berlín (Hari Sama, 2019), nos muestra a través de Carlos –nuestro protagonista– que la revolución juvenil se encontraba en la cultura. Siendo un chico aislado de su familia –principalmente de su madre–, y de sus compañeros de escuela, cuenta con grandes habilidades para la ingeniería. Esto le permitirá acercarse a su amor platónico, la cantante de punk Rita, la hermana de Gera, su mejor amigo. Rita introduce clandestinamente a estos dos menores en un antro underground donde ella suele hacer presentaciones. Carlos y Gera quedan instantáneamente asombrados, con deseos de seguir asistiendo “sí o sí” a esta caverna. Es así como Carlos conecta con Nico, un joven que imita la vida artística de Berlín y que lo introduce al sexo, las drogas y el arte contemporáneo. Es entonces cuando Carlos cree haber encontrado su propio camino.

Inscribiéndose en el  género new coming of age, la película es más que eso (y pudo serlo aún más). No es la típica historia del chico que, mediante amigos y fiestas, se encuentra a sí mismo. Es la historia de una revolución cultural que logró crear una tribu urbana de chicos que estudiaban en escuelas privadas, con acceso a una educación cosmopolita –o burguesa– con influencias extranjeras. Mientras que en la izquierda marginada nacía el ska, en los círculos más acomodados se escuchaba punk europeo. 

El filme nos muestra la imitación desmedida de la cultura underground alemana, sin hacernos conscientes de los riesgos. Recordemos que en la década de los 80 se descubrió el VIH-SIDA. De este modo, el performance de la orgía como una forma de arte contemporáneo, además de liberación sexual, resulta un peligro que no se desarrolla en la trama del largometraje. El pequeño Carlos se deja llevar ingenuamente por un círculo de “conocedores y gente divertida” para sentirse parte de un grupo sin tener presentes las consecuencias. De ahí el título Esto no es Berlín, es México: la vanguardia es un peligro inminente.

A consideración propia, además del VIH-SIDA, destacan otros elementos de la trama que resultan interesantes, pero que carecen de desarrollo. Rita se nos presenta como una chica feminista, lo cual sólo queda como una característica más del personaje y no como algo medular en su desarrollo, tal como sí lo tiene su astucia. Poco a poco va perdiendo protagonismo conforme avanza la película, al igual que Carolina –la madre de Carlos– interpretada por Marina de Tavira (un tanto desaprovechada). Aunque la relación estática que mantienen ambos tiene un ligero arco, al final del filme resulta inexistente. Arco que aparece cuando Esteban, el tío ‘buena onda’ en quien Carlos ve una figura paterna ausente, muere; siendo este el único móvil en su relación. Típico del new coming of age. Sin embargo, no convence. No es prioridad de Sama resanar la relación madre-hijo.

No obstante, es de aplaudir la demostración de esta época tan underground en México, tan escondida y exclusiva como se pudiera representar en el metraje, a la que sí da prioridad el director del filme. Es inevitable ver la película y no pensar en Caifanes o The Cure. Por lo demás, concluyo que el filme es un poco moralista con el tema de las drogas y las ‘malas influencias’. Ojalá que Carlos no haya sido el único en tomar consciencia y alejarse de ello.

Alquílala registrándote y disfruta de Esto no es Berlín a través de nuestra alianza con Eyelet:

Trailer:

Esto no es Berlín

1El grito es una de las películas documentales que muestran la avanzada de dicho movimiento en momentos previos a la matanza de Tlatelolco. 

2El Halconazo se ha llevado a la pantalla en películas como Roma (2018) de Alfonso Cuarón, el documental Halcones, terrorismo de Estado (2006) de Carlos Mendoza, o la ficción El bulto (1992) de Gabriel Retes.