“Como quien cava su propia tumba”
“Como quien cava su propia tumba”

“Como quien cava su propia tumba”

Crítica de Niña Sola (2019), de Javier Ávila

Por Kathia Jiménez
@Alegria_Kath 

Como quien cuenta una historia de terror.

En 2002, cuando salió la primera edición de Huesos en el Desierto, su autor Sergio González Rodríguez, había ya narrado la incapacidad del Estado mexicano para hacer frente al creciente problema de feminicidios en México. Sea por el elevado número de casos, sea por la ineptitud y corrupción, poco a poco fue dejando en claro entre los habitantes del país —principalmente de Ciudad Juárez— que una mujer asesinada era algo normal y justificable. Entre los principales factores que hacen susceptible a una posible presa se encontraban: transitar sola, trabajar en las maquilas, mantener una relación con un hombre violento, salir a disfrutar de la vida nocturna. Además, se elaboró el perfil de las víctimas: mujeres morenas, delgadas y de bajo estrato socioeconómico.

¿Por qué ellas? Porque estas chicas desprotegidas, al igual que sus familias, hacen lo posible por sobrevivir. El violentador sabe que las autoridades no buscarán a alguien que no pueda dar sobornos o hacer presión política. Por lo tanto, es más fácil matarla que enfrentar un juicio. Será alguien que no declare, que nadie investigue. Jamás será encontrada.  

Como quien toma una foto urbana. 

Javier Ávila nos introduce en una exposición fotográfica de Ciudad Juárez, de sus noches frías y áridas, de la vida nocturna, de las maquilas. Imágenes nebulosas propias de un lugar que no esclarece sus crímenes. Es así como nos presenta la historia de Arce y Bertha, madre y hermana de Cintia en Niña Sola (2019). A modo de introspección, ellas cuentan la manera en la que se han involucrado en relaciones afectivas abusivas, llegando al momento en el que Cintia se convierte en una víctima de feminicidio. Es así como la fotografía del paisaje mimetiza la violencia y nos introduce en una historia que se repite noche tras noche, día tras día. Imágenes cotidianas de una urbe que normaliza el feminicidio y las relaciones afectivas manchadas por la violencia. 

Como una mujer independiente.

Arce, una trabajadora de las maquilas, relata en voz en off los hechos. Había estado manteniendo una relación con Omar, un hombre al que había conocido en un centro nocturno. En un primer momento, no había responsabilidad afectiva entre los dos. Conforme se desarrolló la relación, comenzaron a tener un vínculo más cercano que desató una violencia pasiva que demostraba una obsesión enfermiza por Arce. Omar, como bien decía Cintia, “no la quería para él, pero tampoco para nadie”, por lo que al terminar y regresar —mediante manipulaciones, promesas y engaños— se presentaban cuadros de violencia más agresivos, los cuales Arce veía de manera normal. 

Bertha, por su parte, es una joven madre de dos niños. Los padres de estos no tienen un espacio en su corazón, sentimiento similar al de Arce por el padre de sus hijos. ¿Será que está condenada a repetir la misma historia?

Como quien construye su propia lápida.

Arce admite que su grave error había sido expresarle a Omar lo que Cintia deseaba para ella. Así, supone que Omar comenzó a tenerle coraje, pensando que Cintia intentaba separarlos. Cuando Arce decide poner un fin total a la relación, recibe una llamada telefónica en el trabajo, anunciando el feminicidio de Cintia. 

Como una Niña sola

Los familiares de Cintia, una mujer de 19 años, relatan que salía muy poco; y cuando lo hacía, era acompañada. Consciente de la situación que viven las juarenses, tenía miedo de que los transeúntes pudieran hacerle daño, por lo que agarraba muy fuerte la mano de Arce cuando caminaban juntas. No obstante, hubo una ocasión en que Arce le mencionó que un accidente así le podía pasar hasta en su propia casa. Jamás imaginó que ese sería el desenlace de su hija. 

Encontrándose sola y durmiendo en su casa una mañana en la que Arce salió a trabajar, presuntamente Omar entró y la mató. Dos vecinos lo vieron entrar y salir. Bertha llegó cuando el crimen ya estaba hecho. Como reacción inmediata, descubrió el rostro de su hermana con la esperanza de escuchar un quejido, una respuesta, o de sentir su respiración. Reacción tomada como error por el forense ya que, según ellos, había contaminado la evidencia. 

Los testigos que vieron entrar y salir a Omar no fueron suficientes para que tan sólo se le comenzara a investigar. En una tierra de ciegos y sordomudos, se tendrían que haber escuchado las desgarradoras súplicas de Cintia a Omar. La luz al final del túnel aparece cuando se sabe que una de las vecinas sí escuchó la escena del crimen, pero “tiene cola que le pisen”: una pequeña hija que en un futuro podría ser otra víctima. 

Dos meses después del asesinato, las autoridades decidieron registrar la casa de Omar. Tiempo suficiente para que éste se deshiciera de la evidencia y huyera. De este modo, su asesinato quedó impune. 

Como un modelo lejano de alcanzar. 

A finales del 2020, la plataforma de Netflix puso a disposición el documental Las tres muertes de Marisela Escobedo, describiendo la labor de una incansable madre que exigía justicia para Rubí, su hija, víctima de feminicidio a manos de su yerno. Recordada como el ejemplo de una mujer que agotó sus recursos para encarcelar al asesino, cabe señalar que Marisela fue un caso especial debido a que sus posibilidades sociales y económicas le permitieron realizar la investigación que los judiciales no quisieron hacer. 

Por el contrario, la historia de Cintia es la historia de aquellas muertas que tienen que esperar a que las autoridades se dignen a trabajar. Ávila, el director del documental, mencionó a IMCINE que había leído en una nota periodística de Tijuana sobre cinco casos de feminicidios en el mes de septiembre de 2016, uno de ellos el de Cintia. Saúl Ramírez, el redactor, mencionó a Ávila que Arce estaba inconforme con los medios y las autoridades por omitir el caso de su hija. Un presagio de impunidad. 

Ataúdes de cartón.

El error de Cintia fue ser una “niña sola” durmiendo en casa, a pesar de sus 19 años. Este es el  relato que evidencia la normalización de la violencia de género, desde sus formas más pasivas como “aguantar” la violencia ejercida por la pareja, hasta la muerte misma. 

Cintia fue asesinada por la pareja sentimental de su madre, pero la enterró el sistema de justicia de Ciudad Juárez. Su ataúd es una carpeta con el folio de su archivo. 

A pesar de que Huesos en el desierto se haya publicado hace casi 20 años, es una investigación vigente. Poco ha cambiado del 2002 a la fecha. Los folios de expedientes inconclusos siguen creciendo. Las mujeres desaparecen frente a nosotros. ¿Hasta cuándo seguiremos justificando al agresor?

Trailer:

Niña sola