Un relato cosmogónico
Un relato cosmogónico

Un relato cosmogónico

Crítica de Pobo ’Tzu’ – Noche Blanca (2021), de Tania Ximena Ruiz y Yollotl Gómez Alvarado

Por Ernesto González Díaz
@netografia

“Cuando hay días blancos y noches blancas, algo está por revelarse”. 

Pobo ‘Tzu’, codirigida por los artistas multidisciplinarios Tania Ximena y Yollotl Gómez Alvarado, comienza con un relato cosmogónico que, como sucede en este tipo de mitos, parte de lo geológico para llegar a lo antropológico, transitando del paisaje volcánico al sociocultural. 

Visto desde un plano cenital con grúa, un hombre dibuja el cosmos en la arena mientras narra el fin del mundo que experimentó la comunidad zoque de Esquipulas Guayabal cuando, en 1982, hizo erupción el volcán Chichonal en el noroeste de Chiapas, México. Un fin del mundo que fue también un comienzo, al desplazarse los sobrevivientes a un nuevo espacio donde rehicieron sus vidas, pero mantuvieron la memoria de la erupción, de sus muertos, del pueblo sepultado bajo la ceniza. Las rocas encendidas aún surcan el cielo nocturno porque el tiempo mítico continúa proyectándose al ser narrado.

“En ocasiones se puede sentir al volcán deambulando por los pueblos. Su presencia anuncia una erupción”, se lee en una cita al inicio del film. La relación del pueblo con el volcán es profunda y compleja, sienten por él afinidad, resentimiento y respeto. Forma parte de su historia e identidad. La dueña del volcán se manifiesta en los sueños de los habitantes y se comunica con ellos, les advierte lo que se avecina.

Para los zoques, todo en la naturaleza tiene conciencia y voluntad, mientras que el estado onírico tiene la misma importancia que el de vigilia al momento de tomar decisiones. Con el fin de retratar esta cosmovisión, los realizadores dotan a la cámara de una cualidad animista. Esta se eleva desde el cráter del volcán, sobrevuela el paisaje, se adentra en la comunidad, flota entre sus habitantes, escucha sus pensamientos, observa sus sueños.

La ficcionalización es utilizada para documentar el pasado que se mantiene vivo en el presente de la comunidad, la cual, tras casi cuarenta años, decide volver al sitio del antiguo poblado para excavar en busca de sus restos, como un acto de memoria y reapropiación del espacio —o quizá también por la ambición de recuperar los objetos valiosos de la iglesia, particularmente la codiciada campana—, no sin ciertas aprehensiones y temores relacionados con volver al lugar de la catástrofe y reencontrarse con los muertos que dejaron atrás. 

La búsqueda de autenticidad en la etnoficción (en el sentido que le da Jean Rouch) se construye, por una parte, por el rigor de las decisiones estéticas desde la dirección, la fotografía y el diseño sonoro que producen una atmósfera entre lo observacional y lo onírico, y por otra, al dejar que los sujetos se desenvuelvan frente a la cámara y conversen entre sí con sus propias palabras —a veces parece que lo hacen por telepatía—, evitando los testimoniales. En su lugar, somos observadores participantes de sus interacciones, como en las asambleas donde deciden llevar a cabo la excavación.

Documental y ficción, cotidianidad y mito.

Esta inmersión del espectador en el punto de vista de la comunidad y su contexto resulta posible gracias a un trabajo previo de acercamiento e investigación por parte de los directores que se extendió a lo largo de siete años. Durante este proceso, el diálogo con los actores sociales dio como resultado el guion de la película y la planeación de las escenas se realizó de forma colaborativa.

Resulta notable la presencia sensorial, casi tangible del pueblo zoque, sus atmósferas visuales y sonoras, su lengua, en especial a través de los poemas susurrados por Trini, el protagonista de la historia, quien tiene un interés especial por desenterrar el pueblo: él nació el día de la erupción mientras su madre huía, por lo que no pudo enterrar su ombligo; el volcán se lo quedó, es decir, Trini le pertenece. Esto parece ser lo que lo motiva a internarse en las entrañas telúricas, dialogar con su dueña, habitar sobre las aguas sulfurosas, bañarse en ellas, hasta volverse una parte más del paisaje volcánico.

Como buen relato cosmogónico mesoamericano, la película finaliza con el sol emergiendo de la matriz volcánica. La gente del pueblo contempla el nuevo amanecer desde la distancia. La comunidad zoque mira hacia su futuro que está en el horizonte y en el redescubrimiento de su pasado gracias a la excavación. “Aquí brotarán nuestras flores”.

Trailer: